Recursos Después de la tormenta siempre llega la calma


Después de la tormenta siempre llega la calma
Resum del recurs

Estamos en unos momentos excepcionales a nivel planetario. La realidad que vivimos estos días nos es tan desconocida como extraña. Nos vemos ante la obligación de hacer una parada de las actividades sociales, económicas y culturales y proceder a un confinamiento de la población en sus domicilios. 

Os hacemos un avance de la Editorial de la revista Aula de Innovación Educativa, núm. 292 del próximo mes de abril.


Descripció del recurs

Estamos en unos momentos excepcionales a nivel planetario. La realidad que vivimos estos días nos es tan desconocida como extraña. Nos vemos ante la obligación de hacer una parada de las actividades sociales, económicas y culturales y proceder a un confinamiento de la población en sus domicilios. La razón, evitar la propagación del virus que amenaza seriamente lo más preciado que tenemos: la vida, la propia, la de nuestros seres queridos y la de la comunidad. También por responsabilidad social y comunitaria es necesario contribuir a hacer sostenibles los sistemas públicos de salud, desbordados por la emergencia. Una situación incierta que ya estamos viendo que tendrá repercusiones económicas y sociales.

En estos momentos inciertos van apareciendo una serie de certezas. En primer lugar, el unánime reconocimiento a los profesionales de la salud de nuestro país. De manera espontánea lo hemos expresado en nuestros balcones, agradeciendo su sobreesfuerzo y su profesionalidad. En ellas y ellos recae un alto grado de responsabilidad, al tener que hacer frente a los nuevos retos que van surgiendo, además de tener que atender las necesidades médicas ineludibles del día a día. Por otro lado, también vamos viendo como se van generando redes próximas de solidaridad con quienes tienen más necesidad en estos momentos: la población de riesgo tanto por la enfermedad como por la situación social. En circunstancias como estas, ellas y ellos tienen que ser la prioridad.

Hace unos días tuvimos que dejar el aula, la escuela, los niños y niñas, las compañeras y compañeros del equipo un poco de repente, con la desazón de no saber cómo acabaría todo ello, cuánto duraría el confinamiento, cómo nos organizaríamos a nivel personal y familiar. A medida que van pasando los días constatamos y nos reafirmamos en la creencia de que por responsabilidad social hay que permanecer en casa. Estamos empezando a probar el teletrabajo, nos organizamos en red y compartimos con nuestros compañeros y compañeras tareas que hacer. Están surgiendo propuestas digitales interesantes a nivel educativo que se ofrecen tanto para nuestro alumnado como para nosotros mismos en el marco de la formación permanente. En el ámbito cultural también aparece la vertiente solidaria y se están abriendo gratuitamente en la red teatros, musicales, cine, visitas virtuales a museos y otras iniciativas. En otros ámbitos sociales también tanto personas como organizaciones están ofreciendo actividad física, de entretenimiento, etc. en línea a toda la población. Una rápida adaptación a esta realidad impuesta, que nos tiene que hacer pensar en la necesidad de reducir la brecha digital por la vertiente más débil de nuestro alumnado y de sus familias. Sin duda, un indicador claro de inequidad.

Los días, las semanas, algún mes... pasarán y tras la tormenta llegará la calma. Pero, como siempre, habrá que aprender de las situaciones difíciles. No hace demasiado tiempo, en el 2008, afrontamos una tormenta de la que no salimos muy bien parados. De hecho, nuestro sistema sanitario, que tanto valoramos, está sufriendo los efectos de la escasez de presupuesto. Parte de nuestros jóvenes con talento y formación han tenido que buscar el futuro en otros países.

Y nosotros, desde el sistema educativo, con todas las dificultades del cambio y de los ajustes, estamos formando a las ciudadanas, a los ciudadanos de hoy y mañana y a los y las profesionales de nuestra sociedad.

Todo ello nos tiene que hacer pensar en el valor de los servicios públicos y en la necesidad de que estos sean de calidad, y por eso es preciso que estén correctamente financiados. Debemos tenerlo en cuenta cada uno de nosotros y debemos saberlo transmitir y exigir a nuestros representantes políticos.

Estos tiempos también nos pueden dar pistas para trabajar de otras maneras, más sostenibles y respetuosas con nuestro planeta. Slow time, es tiempo de confinamiento, de calma, de descubrir otras maneras de ser y de vivir. Seguro que sacaremos muchos aprendizajes. Pero no podemos acabar sin hacer nuestro particular y personal agradecimiento y reconocimiento a todas las personas que velan por nuestra salud.

Y, sobre todo, #quedateencasa.